Cachorros: Aprender habilidades sociales
Tu cachorro es un miembro de un grupo. Necesita interrelacionarse con más cachorros de su especie, introducirse en sociedad, compartir juegos y aventuras, las normas sociales y del respeto de ello depende que cuando sea mayor sea un perro equilibrado sano y educado.
Tu cachorro, ese trasto divertido y juguetón, es receptor de todos los mimos de la casa y objeto de atenciones continuas, pero él necesita relacionarse con otros cachorros y aprender las normas sociales que regirán su futuro de adulto y, al igual que nuestros hijos, que van al colegio a aprender conocimientos y a relacionarse socialmente con otros niños de su edad, tu cachorro debería asistir a las llamadas “Escuelas de Cachorros”, donde aprenderá a comportarse y, lo que es más importante, donde nosotros aprenderemos a corregir, estimular y a educarle correctamente, esto no quiere decir que si ya tenemos experiencia en la educación de otros perros podamos obviar acudir a ellas, simplemente el hecho de que se relacione con otros cachorros justifica sobradamente nuestra asistencia, además, te brindará la oportunidad de refrescar conocimientos e incluso conocer las nuevas tendencias en lo relativo a la educación de tu cachorro.
Escuela de cachorros
El objetivo principal de las “Escuelas de cachorros” es propiciar la oportunidad de aprender habilidades sociales mediante el contacto con otros individuos de edades parecidas, mediante estímulos diversos. Pero no es el único, puesto que también sirve para que los dueños aprendan a relacionarse con su perro y a comprenderle mejor, y no sólo eso sino que de paso se les enseñará lo necesario para que puedan educar convenientemente a su mascota e interpretar adecuadamente su lenguaje corporal, su mímica facial y por ende su actitud. El beneficio es para ambos , dueño y perro, y redunda en una convivencia más grata y fructífera en los años venideros.
Manoseo de cachorros
Otra cosa que es fundamental y que forma parte importante de su socialización es realizar de forma periódica el llamado “Manoseo” de cachorros, que consiste, desde el mismo momento que el bebé peludo llega a nuestra casa, en realizar exploraciones concienzudas de su cuerpo, para ello buscaremos un lugar tranquilo, sin casi ningún objeto que pueda distraerle y lo haremos después de una actividad física relativamente fuerte, es decir, después de que el pequeñajo esté cansado, con ello facilitaremos su sumisión y la posibilidad de premiarle con lo que más necesita y desea en ese momento, el agua.
Coloca a tu chiquitín en una mesa, que no se escurra –evitarás así que le coja miedo- de forma que tanto él como nosotros estemos cómodos.
Cuando el cachorro esté tranquilo y relajado –si en el agún momento se pone nervioso interrumpiremos y continuaremos depués de que se vuelva a tranquilizar-, empezaremos a revisarle las orejas, se las levantas, miras dentro, le pasas un algodón humedecido, mira los ojos, baja el párpado inferior, observa si la coloración de la mucisa es rosada o roja, quiere decir que está normal, si es blanca o pálida puede sufrir algún tipo de anemia y deberías acudir al veterinario, en las primeras sesiones, olvídate de las legañas, déjalo para más adelante el limpiárselas, después empiezas a mirarle la boca, evitando hacer presión en la nariz y bigotes, al principio le levantas los belfos para observas los dientes –así puedes controlar la aparición del sarro- y la coloración interna de la boca, que debe ser rosada, en sesiones futuras, le abres la boca, con suavidad y le apartas la lengua.
Cuando hayas terminado la exploración de la cabeza empezarás a tocarle las patas delanteras, recorriendo toda su extensión de arriba abajo despacio, con calma, le doblarás los codos y las muñecas, revisarás despacio las almohadillas observando y separando los dedos, para verificar que no tiene ninguna espina clavada, continuarás acariciando lentamente la columna y la barriga hasta llegar a la cola, se la levantarás, le tocarás por la zona inguinal –incluyendo los testículos- y rematarás el manoseo repitiendo con las patas traseras lo realizado en las delanteras.
Un proceso lento
Remata el proceso acostumbrándole al cepillado del pelo, no se trata de peinarlo completamente, se trata de que él soporte el peine, también pon en marcha el secador de pelo, sin enfocar al peque, para gradualmente, en varios días, ir acercándoselo poco a poco hasta que se lo pongas encima.
Córtale las uñas –en veterinarios y tiendas existen tijeras especiales con topes que evitan accidentes-, aunque las tenga cortas, es decir, simula que se las cortas.
Cuando acepte de buen grado todo este proceso, repítelo en la bañera, en la que habrás colocado un suelo antideslizante, ya que así evitarás que coja miedo en la experiencia, con la ducha soltando agua, poca, para que el pequeñín se acostumbre a los baño futuros, una vez que acepte de buen grado este proceso, llénale la bañera de agua, al principio que le cubra sólo hasta el pecho para ir aumentando gradualmente la cantidad de agua hasta que pueda nadar.
Cuando hayas conseguido realizar el proceso completo, que otros miembros de tu familia lo practiquen con él, y si, además, puedes pedirle a un amigo que lo realice, mejor todavía. Esta manipulación, aparte de acostumbrarle, refuerza tu posición de líder sobre él, ya que así él acepta que tú eres capaz de tocarle dónde, cuándo y cómo tú quieras.
Recuerda premiarle constantemente con muchos mimos, sorbos de agua, racionados en pequeñas cantidades, y alguna golosina después de realizar cada una de las fases, de esta forma asociará la manipulación con experiencias buenas para él.
Un contacto positivo
Una de las razones por las que el manoseo es fundamental en la relación que establecemos con el cachorro es que, al realizar continuamente ese proceso, estamos estimulando el contacto positivo con el ser humano. La perfecta socialización del cachorro empieza desde el día de su nacimiento, pero los propietarios tienen que continuar la labor que los criadores realizan para conseguir un animal equilibrado en el futuro, que se adapte perfectamente a todo tipo de situaciones y ambientes.
Fuente: Revista “Perros & Compañía”, Nº 183




