Primeros auxilios para perros (I)


A continuación se exponen ciertas situaciones que requieren la atención del veterinario. Estas medidas están diseñadas para estabilizar a tu perro hasta que pueda ser atendido por el veterinario.

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Incluso aunque proporciones a tu perro todo lo que necesita, siempre cabe la posibilidad de que se produzca un accidente, por lo que conviene estar preparado para estas situaciones.

Si sabes qué hacer en cada situación puedes salvar la vida de tu perro.

Ten a mano este artículo si tienes que enfrentarte a una situación de emergencia.

Primeros auxilios para perros

►   Comprobar las constantes vitales

Debes utilizar termómetros rectales, y la mejor opción son los termómetros digitales actualmente comercializados para uso humano. Puede determinarse la presencia de latidos cardíacos situando una mano sobre el pecho del perro.

Por otra parte, puede verificarse que el perro respira, observando los costados del animal o situando un dedo humedecido frente a los orificios nasales.

Deberás realizar ambas mediciones durante un periodo de 15 segundos, multiplicando el resultado por cuatro para obtener la frecuencia cardíaca o respiratoria por minuto. Asegúrate de que el perro está tranquilo, en un estado de reposo, lo que garantizará que las frecuencias medidas sean correctas.

►   Manipulación y transporte

No des por hecho que tu perro no te morderá o no intentará arañarte, y en caso de que esté herido, no trates de reconfortarlo dándole abrazos ni le sitúes la cara cerca de su cabeza. Si es necesario, haz un bozal con gasas y pónselo.

Envuelve los perros de menor tamaño en una toalla. Realiza cualquier tipo de exploración lentamente y con suavidad e interrúmpela si el perro se pone nervioso.

No intentes levantar o arrastrar a un perro de gran tamaño si está herido. Para ello puedes utilizar, por ejemplo, una tabla, un cubrecama o un trineo, como camilla. Antes de proceder al traslado, intenta estabilizar las heridas. Puedes entablillar una extremidad lesionada con revistas o periódicos enrollados. Acolcha la extremidad y entablíllala con mucha cantidad de algodón y gasa, en caso de disponer de ello, o improvisa con almohadas, trozos de sábana, toallas, etc.

Asegúrate de que la tablilla inmoviliza las articulaciones tanto por encima como por debajo de la zona lesionada.

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