Tal es la facilidad educativa del perro que se han creado cursos de obediencia, muy populares en Estados Unidos, donde los perros compiten por demostrar cuál es el mejor educado. Y no creas que se trata de pedir al animal ejercicios de extrema dificultad, pruebas sólo aptas para superdotados. Esos concursos son la aplicación práctica de las actividades que los clubes proponen a sus socios como elementales herramientas para controlar a sus perros: La conducción sin correa, la llamada, la inmovilidad a distancia del dueño y con distracción y el traer objetos con la boca. Si lo miras bien, tales ejercicios no son otra cosa que el fundamento de una correcta educación del perro.
El concepto de obediencia ha evolucionado durante la última década, ya nadie espera que el perro haga mecánicamente una serie de ejercicios aprendidos por medios más o menos coercitivos. La tendencia actual es una educación en la que prima la entrega del perro al trabajo a través de la alegría, de un modo espontáneo. Los intentos de imponer una sumisión constrictiva por parte de personas con poca o ninguna experiencia en el trato con el perro, terminan siempre en portentoso fracaso, creando perros asustadizos, temerosos del propietario o animales desobedientes, cabezotas o peligrosamente dominantes.
La educación empieza siendo positiva cuando alcanzamos un punto intermedio entre la sumisión gustosa y la alegría. Mucha gente que acude como espectador por primera vez a un concurso de obediencia se sorprende al comprobar que está prohibido reñir al perro si se equivoca. El castigo debe estar siempre atemperado por una buena relación entre el perro y el propietario.
Un buen proceso de educación
La relación perro-amo es muy similar a la que un hijo entabla con sus padres. Igual que el niño, el perro espera encontrar un protector, un amigo, no una persona injusta y colérica o una falta de sentido común en las exigencias que se le imponen.
Si no quieres tener un perro desobediente empieza por establecer una buena relación con él. Antes de educar a tu perro debes aprender el modo de cómo hacerlo.
El perro equilibrado, bien educado y perfectamente integrado en la sociedad humana es el resultado de un complejo proceso educacional que se inicia en el parto de la madre y no concluye hasta bien entrada la edad adulta. En ese desarrollo, gran parte de los problemas de conducta que se presentan tienen un único culpable, el dueño.
Las órdenes debes darlas siempre en un tono firme pero sin gritar, ten en cuenta que el perro entiende lo que quieres por el tono de voz y la gestualidad de tu cuerpo, no por el sentido de las palabras ya que los perros no conocen el vocabulario humano ni hablan distintos idiomas.
Tus órdenes deben inspirarle confianza, un tono firme pero amable obtiene mejores resultados que una voz airada y colérica.
Un perro bien educado no destroza la casa ni se come las cortinas, no ladra constantemente ni sale corriendo en dirección contraria cuando el propietario le llama en el parque. Pero ocurre con demasiada frecuencia que el animal adquiera malos hábitos, por ineptitud del dueño o porque fue abandonado muchas horas solo entre las cuatro paredes de la casa sin que nadie le dedicase más tiempo que media hora de paseo al día.
El perro desobediente debe ser analizado por un especialista que diagnostique si la desobediencia tiene su origen en una inadecuada socialización, es miedo excesivo o una naturaleza psicopática.
Un perro estable, que posee un temperamento equilibrado es capaz de superar una mala educación impartida por un propietario torpe, si ese propietario aprende las reglas básicas de relación con el animal.
Si el problema tiene otra raíz, como señalaba antes, es el especialista, adiestrador o etólogo, el único que puede resolver la desobediencia atacando la raíz del problema. Siempre hay que comprender las razones que trastornan una conducta.
Los resultados obtenidos con los perros problemáticos no son homogéneos, pues el carácter de cada perro depende tanto de su herencia como de la manera en que ha sido criado, socializado y educado por el hombre.
Corresponde al dueño averiguar en qué se equivocó y tratar de corregirlo, sabiendo que la perseverancia y la paciencia son sus mejores herramientas aliadas al conocimiento de la psicología del perro.
Fuente documental: “Perros & Compañía”, nº195




