Viajar en avión con tu perro
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Las normas para viajar en avión con nuestra mascota dependen, mayoritariamente, de la compañía aérea que no lleve. Las compañías que permiten animales a bordo establecen unas normas propias. Es importante ponerse en contacto con la línea aérea para saber las especificaciones necesarias, podemos generalizarlas en los siguientes puntos:
Animales permitidos en cabina:
-Serán mascotas de menos de 5 ó 6 kilos (cada compañía exige unos kilos determinados). Pueden viajar todo el trayecto junto con nosotros a bordo en una bolsa homologada con espacios dedicados a la ventilación o bien en un trasportín rígido homologado. Tanto uno como otro lo situaremos debajo de nuestro pies.
-Durante la reserva del billete de avión, dejaremos clara la intención de viajar en cabina todo el trayecto con nuestra mascota. No debemos descuidar que si el vuelo no es directo y tenemos que cambiar de avión, debemos comentar también a la siguiente línea aérea todos los datos que le hemos dado para el primer pasaje. El perro deberá tener también “su billete”, de lo contrario nos podemos encontrar con la gran contrariedad de tener que facturarlo con nuestro equipaje y no estar preparados para ver cómo nuestro animal se aleja por la cinta transportadora junto con las maletas.
-Antes de embarcar presentaremos su cartilla, con todas sus vacunasen regla, su microchip y si es preciso, según el país de llegada, irán acompañadas de un pasaporte o un certificado oficial veterinario dónde constará el buen estado de salud del animal.
-A bordo el número de animales es limitado. Una persona no puede viajar con dos animales. Cada compañía establece un número de animales por vuelo y deberemos consultarlo antes de comprar el billete.
Animales en bodega
-Mascotas de más de 6 kilos no pueden viajar en cabina sino que van en la bodega y tiene que embarcarse en el momento de facturación del equipaje.
-Es obligatorio llevarlos en un trasportín rígido homologado y deberá cumplir los requisitos de espacio que dicte la compañía aérea elegida.
Seguro que más de una vez nos hemos echado atrás por temor al estrés que pasaríamos y luego nos hemos arrepentido de lo divertido que hubiera sido habernos llevado a nuestra mascota de vacaciones con nosotros.
Es necesario que antes de iniciar el viaje se recoja toda la información necesaria, eso requiere hablar con el consulado del país de llegada, verificar la documentación requerida y una visita al veterinario, que será el primero que valorará si es toda una proeza lo que queremos hacer o bien, nos animará a que lo probemos, dándonos las pautas importantes a tener en cuenta. Con toda esa información podemos tomar la decisión de empezar a buscar el vuelo.
Una vez la parte burocrática está toda en regla empezaremos a prepararnos psicológicamente para saber vencer el estrés que produce tanto para nosotros como para el perro.
Prepara al perro para el viaje
Si disponemos de por lo menos unos días, o mejor semanas, antes del viaje, colocaremos el trasportín en el comedor de casa y en su interior dejaremos una pieza de ropa que hayamos llevado recientemente, por lo que estará impregnada de nuestro olor. También en su interior colocaremos un par de premios para que el perro sea capaz de entrar en el trasportín y recogerlos o bien pondremos uno de sus juguetes preferidos. Al principio puede que tenga curiosidad y entre, si es así, poco a poco se habituará a ver la jaula como algo bueno.
Algunos se ponen dentro sin dificultad, pero otros no lo llevan tan bien. Sería perfecto que cada día nuestro perro disfrutara con el trasportín, que entrara y saliera a su antojo. Más adelante iniciaremos el cierre de la puerta, le impediremos salir unos segundos, pero luego se la abriremos.
Si el tema de habituación se complica, es conveniente visitar al veterinario especializado en medicina del comportamiento.
Nosotros también necesitamos preparación. Si somos personas nerviosas y admitimos que viajar es una situación estresante, podemos también tomarnos un tiempo para ir al aeropuerto y satisfacer todas aquellas dudas que nos preocupan, tales como el lugar dónde está nuestra compañía aérea, dónde se embarca, observar o hablar con los transportistas de “equipaje delicado”, etc.
Nuestras mascotas son esponjas emocionales, muy receptoras de nuestras emociones, podemos tomarnos un tiempo para aprender a actuar sin prisas, cambiar unos cuantos hábitos y aceptar que si nos ponemos nerviosos, nuestro perro también lo va a estar.
A no ser por recomendación explícita de nuestro veterinario, bajo ningún concepto el animal tomará medicación alguna. Los fármacos, cuyos efectos son tranquilizantes o sedantes, tienen efectos impredecibles tanto en el aire como en tierra, se han dado bastantes casos en que, por ejemplo, la pastilla conocida como “la de los petardos” (su componente es la acepromacina) ha producido la muerte súbita.
Este medicamente no debería adquirirse sin receta, necesitaría la receta específica para estupefacientes. Por lo tanto, rigurosamente queda desaconsejada la utilización de fármacos.
La hora de irse
Ha llegado el día que nos vamos. Si es posible daremos un paseo tranquilo a nuestra mascota y un poco de juego, así estará relajado.
Colocaremos nuestra mascota en el trasportín como cada día y puesto que él ya ha aprendido a saber estar un buen rato encerrado en su interior, se quedará cómodo y tranquilo.
Se sentirá arropado y protegido reposando encima de la prenda impregnada con nuestro olor, le añadiremos un juguete adecuado para mordisquear durante el vuelo. Estos elementos le darán sentido de pertenencia y le harán sentirse acompañado aunque usted no esté con él.
Si el animal viaja con nosotros y el vuelo dura más de cuatro horas, podemos suministrarle un poco de agua. Si por el contrario está en la bodega, consultaremos a nuestro veterinario cómo se va a hidratar durante el viaje.
Se recomienda que el animal no ingiera comida las cuatro horas anteriores a viajar.
Fuente documental: “Perros & Compañía”, Nº 190




GRACIAS POR ESTE ARTICULO, EXCELENTE, UTIL Y COMPLETO.
MIL GRACIAS DE NUEVO,
KARLA