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En estos últimos meses hemos oído comentar prácticamente de todo en relación con la crisis económica mundial. Es difícil sustraerse a un tema que ocupa la mayor parte de las noticias en los medios de comunicación y que está presente en muchos y muy diversos ámbitos de nuestra vida.

Son múltiples las opiniones que se ofrecen sobre las causas, las consecuencias y la posible duración de esta situación económica que, de un modo u otro, nos está afectando a todos. No obstante, a nada de esto nos vamos a referir en este artículo. Nuestra intención es mucho más simple y guarda relación con dos noticias muy distintas pero relacionadas que nos han llamado la atención porque nos han hecho pensar hasta qué punto los problemas económicos están afectando a los animales domésticos.

La primera de estas noticias aparecía en la prensa nacional y hacía referencia a la situación que existe en Estados Unidos, lugar de origen, al parecer, de la crisis que ahora padecemos. Estados Unidos es un país en el que más del sesenta por ciento de las viviendas cuentan con un animal doméstico, es decir, tienen un alto porcentaje de tenencia de mascotas. Sin embargo, numerosas familias se encuentran con el problema de no poder seguir sustentando el gasto que les ocasiona esa tenencia porque a lo largo de los últimos meses ha aumentado significativamente el número de personas que solicitan ayuda a protectoras o asociaciones para entregar sus mascotas o para recibir algún tipo de prestación que les permita continuar manteniéndolas en su hogar. También ha aumentado la cifra de abandonos.

La segunda noticia es mucho más local y hace referencia a los datos de abandonos en nuestra ciudad, en Gijón.


UNA SITUACIÓN CRÍTICA

Evidentemente somos conscientes de que tales datos no son extrapolables a otros lugares,pero es tan llamativo el porcentaje de aumento de abandonos que sí que sirve como ejemplo de lo que está empezando a pasar. Y es que el número de abandonos ha crecido un 200 por 100 al mismo tiempo que, paralelamente, las adopciones han descendido un 150 por 100. Las consecuencias de vincular ambos números son claras si pensamos en las complicaciones que pueden ocasionarse en la gestión de las protectoras de animales, pero son muchos más los sectores que pueden verse afectados por esta creciente “necesidad” cada vez más extendida de los propietarios de animales de deshacerse de ellos ante los problemas económicos que ocasiona la tan mencionada crisis.


MENOS INGRESOS Y MÚLTIPLES GASTOS

Resulta evidente, lo sabemos por los datos económicos que se publican cada día, que hay más desempleo, que a las familias cada vez les cuesta más llegar a fin de mes, que cuesta pagar los préstamos hipotecarios o los alquileres, que los precios han subido… En definitiva, que hay cada vez más familias que ven disminuir sus ingresos y aumentar sus gastos, lo que ha llegado a ocasionar, en los casos más graves, que se entre en una situación de impagos sucesiva que puede llevar hasta al embargo o al desahucio de la que ha venido siendo la vivienda habitual.

Todo este cúmulo de problemas económicos hace que sea necesario, desde que comienzan a surgir los mismos, ajustar al máximo los gastos. Lo estamos viendo diariamente: han descendido las compras de múltiples artículos, y no sólo de los más caros, como ocurre con las casas y los coches, sino que incluso se están produciendo cambios en los hábitos de consumo de los productos más básicos.

En este recorte, para muchas familias, va incluido ya el animal doméstico. Otras, en cambio, tratan de subsistir y sus problemas económicos afectan al animal cuando ya se encuentran con una situación más grave, como puede ser un desahucio o la necesidad de abandonar por cualquier otra causa la que ha constituido la vivienda habitual hasta ese momento.

Ante estos hechos, cabe plantearse una pregunta: ¿es tan caro mantener a un animal doméstico? O, dicho de otro modo: ¿realmente se ahorra mucho dinero prescindiendo de la tenencia de un ser que hasta ese momento ha sido parte de la familia? La respuesta no es fácil porque depende de muchos factores. Obviamente, el animal necesita determinados cuidados básicos de los cuales no se puede prescindir, como son la alimentación diaria y una mínima asistencia veterinaria periódica para su vacunación y desparasitación, así como una asistencia más puntual para solucionar los problemas de salud concretos que puedan ir planteándose.

Estas necesidades, además, constituyen obligaciones en la práctica totalidad de nuestras leyes autonómicas, cuyo incumplimiento ocasionaría la posibilidad de que se impusieran al propietario las respectivas sanciones.

Hasta aquí no parece un gasto excesivo, claro que el animal es un ser vivo y puede tener complicaciones que supongan un aumento en su gasto de mantenimiento como por ejemplo, si se encuentra enfermo o es muy mayor y precisa tratamiento veterinario, productos farmacéuticos o comida especializada. En cualquier caso, éstos son supuestos más excepcionales y no constituyen la regla general.

mascotas en crisis 150x150 ¿ AFECTA LA CRISIS A LOS PERROS ?Pero junto a los gastos de alimentación y asistencia veterinaria, la industria relacionada con la tenencia de mascotas ha ido creando todo un conjunto de productos que se han ido incorporando como importantes o incluso imprescindibles a la hora de compratir nuestra vida con un animal. Los productos y atenciones de peluquería, los juguetes, los accesorios, la ropa…, hasta el punto de que se ha llegado a crear la Semana de la Moda de animales domésticos en Nueva York, y ya va por varias ediciones.

¿Son superfluos estos gastos? ¿Se puede prescindir de ellos? Pues en una situación  de crisis económica, mejor prescindir de algunos de estos gastos menos necesarios que de la tenencia de nuestra mascota. Si nosostros nos ajustamos el cinturón y reducimos gastos, también podemos quizás reducir la factura que empleamos en nuestro perro. Por ejemplo, en el caso de los perros que salen más de paseo, es necesario contar con una correa y, si es de raza potencialmente peligrosa, contar con una correa no extensible de menos de 2 metros y con un bozal adecuado a su raza. Estos elementos son necesarios. Pero la correa y el bozal duran mucho tiempo, no es un gasto habitual y pueden estar más o menos a la “moda”, pero lo importante es que cumplan su función.

La conclusión a la que pretendemos llegar es clara: también se puede hacer un recorte en los gastos de los animales que ayude a mantenerlos a nuestro lado antes que optar simplemente por prescindir de su compañía. Claro que también es cierto que muchos propietarios utilizan la excusa de la crisis para dejar de tener un animal adquirido sin pararse a pensar realmente en las responsabilidades que esa tenencia conlleva pero éstos específicamente no son problemas derivados de la crisis sino de una falta de previsión en el momento de la adquisición.

LOS EFECTOS DE LA CRISIS PARA LOS PROPIOS ANIMALES DOMÉSTICOS

La consecuencia más grave, es el aumento del número de abandonos.

En este punto es muy importante recordar que el abandono está prohibido y puede constituir incluso una infracción penal porque así está considerado en nuestro Código Penal. Pero es que, además, se encuentra considerado como una infracción administrativa en todas las comunidades autónomas que cuentan con normativa en materia de protección de animales domésticos, infracciones que llevan aparejadas sanciones económicas de cuantías muy altas en muchos casos.

Con esto lo que queremos decir es que puede resultar mucho más caro abandonar un animal que buscar cualquier otra solución alternativa.

Y en este punto es fundamental señalar que la administración debe aplicar las leyes, que las hay, y castigar estas actuaciones y que los ciudadanos debemos denunciar este tipo de hechos porque el aumento indiscriminado del número de abandonos puede acarrear múltiples consecuencias negativas. Un animal abandonado en una carretera puede ocasionar un accidente de tráfico, puede atacar a una persona o a otro animal al hallarse desorientado y hambriento, puede ser transmisor de enfermedades… y constituye además una situación cruel para el propio animal.

Por supuesto que la alternativa no es no dejarle abandonado en la calle y sí dejarlo abandonado dentro de la casa. Hace poco conocíamos el caso en nuestra región de un propietario que dejó morir cientos de cabras en una cabaña cuando dejó de producir el queso que obtenía de la leche de las mismas. Hechos como éste pueden ser constitutivos de delito, con lo que volvemos a la misma conclusión: al final puede resultar más caro optar por el abandono que tratar de reorganizar los gastos de todos los miembros de la familia.

OTRAS SOLUCIONES

Existen, sin embargo, otras posibles soluciones. Cuando el propietario realmente está pasando por una mala situaciñon económica y no desea desprenderse de su mascota hay asociaciones (en otros países ya funciona alguna de este tipo) que ofrecen ayuda específica para comprar comida o medicamentos y así el propietario mantiene consigo a su perro o gato y sique ocupándose de su cuidado. Esta ayuda es temporal y dura hasta el momentoque el propietario vuelve a conseguir trabajo o mejora sus condiciones económicas y puede volver a hacerse cargo de la mascota.

En la misma línea de temporalidad existe otra fórmula que consiste en lo que podríamos llamar guarderías, que se encargarían del mantenimiento transitorio del animal en tanto el propietario mejora su situación o vuelve a consegir vivienda si éste fue el problema que generó la entrega del animal.

Y, como decíamos antes, una solución sencilla también consiste en reducir los gastos del animal sin prescindir de ofrecerle las atenciones mínimas. Pero seguro que es mejor para él seguir a nuestro lado aunque no tenga tantas atenciones desde el punto de vista económico.

Todas estas son soluciones para paliar esta situación de crisis pero realmente, en el fondo, los abandonos están relacionados con la educación y el significado que debe darse a la tenencia de un animal doméstico. Adquirir una mascota supone aceptar no sólo un conjunto de gastos sino una responsabilidad de cuidado y atenciones que van a prolongarse a lo largo de toda la vida del animal, es decir, a lo largo de varios años en los que nuestra situación personal, familiar o económica puede cambiar pero vamos a seguir siendo propietarios de nuestro perro o gato siempre. Saber afrontar los problemas y darles una solución adecuada debe incluir a nuestro animal, también en tiempos de crisis.


Fuente: Revista “El Mundo del Perro”, Nº 347que quieras tener con una mujer.


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